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La Edad Oscura

Star Wars: La Edad Oscura, es una historia que yo inventé, que puede suceder después de lo que pasó en el videojuego Star Wars: The Force Unleashed, puede que no sea canónica, pero me sentí inspirado y la escribí.

Nota: Esta historia tiene como finalidad la continuación del videojuego, por lo tanto contiene algunos personajes aparecidos anteriormente, además de tener como protagonista a Darth Vader.



Capítulo Uno: Editar

Darth Vader observaba a través de la ventana del Destructor Estelar Executor. Impresionantes acontecimientos se habían creado las últimas semanas. Sabía que en todos lados la gente lo diría y que aquellas palabras en su cabeza rebotaban.

"La Rebelión se ha creado", "La Rebelión se ha creado".

Palpatine no estaría complacido.

Dominar el Imperio Galáctico de los Sith soñado por su maestro era lo más difícil en esos momentos. No sólo por controlar ruta por ruta, planeta por planeta, y colocar soldados en todos lados asediando los lugares, sino también por el hecho obvio, de que una vez Vader tuvo un aprendiz a espaldas del Emperador. Un Aprendiz llamado Darth Starkiller, a quien asesinó, y que estuvo a punto de matarlo a él.

Ahora por su culpa, y sus conflictos ese Aprendiz fundó una Alianza Rebelde. Pequeña, simple y de no muchos recursos. Pero una Rebelión armada al fin y al cabo.

Tantos años sin entrenamiento ha hecho que los soldados clones dejaran su madurez y aflojaran su carácter. Se confunden, o están pendientes de cualquier otra cosa.

Humanos al fin y al cabo, pero sin embargo, los enemigos no lo hacían. Los soldados Rebeldes con los cuales habían tenido inconvenientes anteriormente, eran muy precisos al disparar, se alineaban bien y por lo menos podían manejar naves estelares con buena coordinación.

Naves estelares... Hubo un momento, hace quince años, en el cual Vader no era Vader.

No. Eran momentos difíciles, eso sí, pero no tan violentos como hoy en día... No. Había luz, y esperanza. Tenía una esposa que muy pronto le daría un hijo, y estaba comprometido a una causa patriota, en una guerra que muy pronto se acabaría, y cuando eso sucediese, todo sería mejor, y mejor...

Pero todo lo contrario pasó. Y todo fue de mal en peor. Anakin Skywalker traicionó su causa, su amor por las cosas y a su esposa, por el poder, por el poder, la ambición y por el deseo, por esos motivos acabó causando dolor y muerte a todos y convirtiéndose en el demonio negro ahora llamado Darth Vader...

Darth Vader... ni siquiera fue un nombre puesto por él, o por alguien cercano a él, sino por el horrible Espectro que azotó la galaxia los años de la guerra, y que por su culpa, Anakin se tornó hacia el Lado Oscuro. El Lado del Mal.

Ese hombre era el amable ancianito que todos en la galaxia conocía, admiraban, odiaban y temían, llamado Supremo Canciller Palpatine. Ese hombre era el culpable de todo lo que le había sucedido. De que su esposa muriera, de que la guerra terminase con un exterminio horrible y con un engaño a él mismo...

La peor de las decisiones.

La más traidora de las causas.

Todas las consecuencias que eso trajo, todo lo que hizo, todo lo que le ordenaron, tornaron la galaxia en un caos total, en un Imperio de masacre, hambre y misera. ¿Justicia? ¡No! Ni tampoco mejora alguna para terminar la guerra.

La Guerra... Las Guerras Clónicas sólo fueron un simple pretexto para llevar a cabo el plan malvado del diabólico hombre que azotaba la galaxia con puño de guerra. No importaba lo que sucediese. Padmé, su esposa falleció.

¿Y? ¡Eso no le importaba a Palpatine en lo más mínimo!

Al contrario, más bien le favorecía tener a su aprendiz con rencor, de cualquier modo para poder acabar con sus enemigos lo más rápido posible...

Y vaya que sí, Vader odiaba a todos. Los odiaba y deseaba acabar con todo aquel que se le atravesase, pero desde siempre mantuvo una regla en su corazón.

Acabaría definitivamente con aquel Demonio que tornó sus días en oscuridad. Aquel hombre culpable de todo lo que le había pasado hasta ahora. Aquel hombre que por mucho tiempo confió en él como un hijo y que ahora lo trataba como un perro o un sirviente.

Vader sólo quería venganza. Y esa venganza sería contra el Malvado Emperador Palpatine.

El caos que reinaba a la galaxia. Lo que Darth Sidious había causado, todo eso causaba cada vez más miedo a la Galaxia, y que lo hacía imposible acercarse a él. Lo hacía imposible vengarse al final. El estúpido viejo detectaba sus pensamientos, lo vigilaba siempre, lo seguía. Tenía Ojos y Oídos que lo estaban esperando en cada esquina.

Vader no era más que su asesino, su diabólico cómplice. Su mascota que obedecía las órdenes de su amo. Su causa, su matanza, y su ambición le hacían daño a la Galaxia.

Y bajo el manto negro del Lord Sith y la Espada Carmesí que ocultaba la venganza, se hayaba en la Galaxia una interminable Era de Oscuridad...

Capítulo Dos: Editar

-El Emperador Palpatine quiere hablar con usted, Lord Vader-le dijo una voz a su lado.

Vader estuvo un momento quieto y luego volteó la cabeza para ver a un soldado de asalto que se marchaba por el pasillo, como si no esperase a que él entrara.

Después de lo que había sucedido con su Aprendiz, Palpatine había abarrotado su Destructor Personal de Soldados ajenos que lo vigilaban siempre, además de ir y hablar con él en variadas veces.

Vader se apresuró a caminar por los pasillos del Crucero hasta el Salón Oscuro, lugar donde él acostumbraba a comunicarse con su maestro a través de Holoproyecciones. Mediante caminaba escuchó su respiración.

Sonaba extraño. Como un sonido profundo que se extendía y se extendía y luego se apagaba bruscamente como si de un golpe se tratase.

La capa negra lo hacía parecer un espectro en sombras a lo lejos, y mientras se movía miraba a las personas que le lanzaban miradas de temor, sus pensamientos expresaban todo tipo de cosas, y habían unos que se habían acostumbrado y que no lo miraban. Si había algo que a Vader lo caracterizaba era que no soportaba el fracaso. Por lo menos no de su bando.


Vader mantenía siempre una línea estricta de metas para lograr, y no soportaba que ninguno de sus subordinados les llevase fracasos en sus respectivas tareas. Era un cambio repentino de su carácter. Los ahorcaba, o desquitaba toda su ira sobre aquellos que fallaban y le llevaban malas noticias.

Las puertas del Salón Oscuro se abrieron y Vader entró.

Se quedó de pie un momento esperando a que las puertas se cerrasen a su espalda. Bajó las escaleras y se aproximó al sitio negro donde se hayaba un enorme holoproyector redondo en la parte de abajo del suelo. Vader se inclinó frente a este, y en el momento inmediato en que se arrodilló, del holoproyector apareció una imagen.

Era un anciano de mucha edad, por lo menos más de cien años... A simple vista parecía un fantasma azul y trataba lo mayor posible de taparse su cara con los pliegues de mantos negros que llevaba puesto.

-Lord Vader...-dijo el Emperador Palpatine.

Vader subió la cabeza para verlo mejor.

-¿Sí, maestro?-dijo.

Hubo un momento de silencio, y el fantasma azul respiró varias veces despacio.

-Estamos en un gran dilema, Aprendiz mío... Tienes un reto, y lo sabes muy bien. Parece que los Caballeros Jedi han vuelto, por lo menos desde que nuestros enemigos fueron surgiendo...

Vader asintió sin decir nada y respiró a través de su máscara.

-Es un terrible augurio... Nuestro Imperio prevalecerá... y lo sabes, Lord Vader...

Respiró hondo y luego exhaló.

-¿Me necesitan en algún lado?

Sidious asintió.

-Sí, Lord Vader. Así es, casualmente. Irás a Naboo... de inmediato.


Capítulo Tres Editar

-¡Detrás de usted!-Se oyó una de las voces de los soldados.

Rahm Kota tuvo que agacharse forzadamente para no ser víctima del impacto de uno de esos acorazados. Trató de subir la cabeza en medio de un bullicio. Un enorme AT-AT estaba avanzando a todo paso en medio de civiles asustados, corriendo en grupos hacia los adentros de la ciudad de Theed.

El dromedario de metal lanzaba disparos que volaban con casas enteras, entre el bullicio, el Maestro Jedi tuvo que aferrarse a un tronco para que la sacudida del impacto no le afectase demasiado. Varios cadáveres de soldados Naboo volaban por los cielos. Cualquier cantidad de brazos y piernas, nada de esto era lo que él deseaba.

Corrió lo mayor posible para alejarse de los caminantes que disparaban. En el camino chocó con varios civiles que corrían huyendo de los disparos. Los pocos soldados que quedaban, mantenían el fuego cruzado con soldados de asalto que habían descendido en lanzaderas imperiales. Kota fue empujado de pronto por dos ancianos, que apresurados se alejadron por la calle contínua al palacio, que por lo visto, se hayaba intacto de los disparos del Imperio. Velozmente se levantó, y de un salto huyó hacia la derecha. Más disparos se escuchaban, y el cielo se inundó de bandadas de cazas Tie que descendían al planeta.

-¡Maestro Kota!-Gritó Kalf Mergan.

Kota se volteó. Mergan estaba llamándolo.

Su lugarteniente desde el estallo de la guerra civil. Un trandoshano de color marrón, con untraje de chaleco azul y una pistola bláster en su mano derecha. Los disparos se escuchaban cada vez más cerca, y no era momento para que el Maestro Jedi encendiera su espada láser. Se lanzó de un salto y cayó dentro de la sala de una casa Naboo abandonada, contínua al palacio. Se estrelló contra una pared, y Mergan cerró la puerta a su espalda.

Súbitamente, el silencio cesó.

Kota, asustado, se levantó en seco. Sigilosamente se acercó hacia la ventana, a duras penas soportando el olor de su colega. Toda la plaza principal de la ciudad de Theed estaba atestada de imperiales.

Capítulo CuatroEditar

-Hay que ver la porquería en lo que esta bella ciudad se ha convertido-fue lo primero que dijo Armand Isard al bajarse de la cañonera imperial.

Varios soldados de asalto la rodearon y la escoltaron hasta un individuo de mantos negros y rostro oculto en sus ropas. El joven se acercó presuntuosa y calmadamente. Cada uno de sus pasos hecho con tal presición y efecto que no llegaban a oírse o a notarse.

-¿Por qué fue que nos llamaron en realidad?-preguntó la directoria de inteligencia a la figura de mantos negros.

-Tengo entendido que hay un Jedi en éste planeta-dijo el Ejecutor Sedriss Qaga Lok.

-¿Acaso el asesinato de la reina no les basta a los naboo?-preguntó la mujer de Inteligencia Imperial.

Sedriss soltó una risa forzada y colocó un paso por delante de la espía del Imperio.

-Por lo visto no-dijo forzándola a parar su camino-. Lo que ahora más nos convendría sería hacer una inspección a fondo.

Isard asintió, y una seña de su mano izquiera movió varios pelotones imperiales a dentro, fuera del palacio y a varias calles de la ciudad de Theed. Un oficial imperial sin armadura o casco se le acercó a Isard y le mencionó acerca del descubrimiento de varios planos de aresenales.

La mujer asintió y le hizo una seña al Ejecutor.

-Encárgate tú de ésto, ¿sí?-dijo.

-Me encantaría, Armand, pero ésa sería tu labor-Sedriss se tornó hacia un edificio cercano-. Yo siento con la Fuerza varias presencias aquí.

Los soldados se acercaron a Sedriss, quien se despojó de la capucha, sacando al aire su rostro.

-Llévense a todos los que estén dentro del Palacio a mi nave-dijo Isard.

-¿Para qué?-preguntó Sedriss-Si planean cosas deben ser torturados, incluso asesinados si son una fuerte amenaza.

El Ejecutor dio un paso al frente y señaló un sendero que llevaba a las afueras de la plaza central, en un terreno que ya empezaba a oscurecer.

-¿Adónde irás?-preguntó Isard a Sedriss cuando varios soldados entraron al palacio.

-A buscar al Jedi.

Pd: el maestro Yoda era gay

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